FILM / PELÍCULAS

Star Wars: El despertar de la fuerza (Episodio VII)


Lo confieso, fui a ver Star Wars: El despertar de la fuerza (Episodio VII). En 3D, además. No quería, lo juro pero fui. Solo.
Pedí al chico en la taquilla del cine una butaca sin vecinos, pero fue imposible.
Fui en perfecto horario, a las 21h. No había nadie a mi lado hasta que llegaron dos chicos con un arsenal de palomitas, los pop corn, bebidas, tabletas de chocolate, todos corolarios del absurdo “mundocine”. Creo que la razón principal de favorecer la difusión de esta contradicción cine-palomitas resida en la intimidad. Tienes algo en la mano, comes algo de manera reiterada en la oscuridad, te sientes en casa. Pero en realidad no tendrías que sentirte como en casa.
Pensé que mi paz se había acabado allí. Es imposible disfrutar de una peli con una batería de crujidos continuos a tu lado con olor a mantequilla. El cine se convirtió para muchos en una experiencia muy personal, intima. Yo veo casi todo y casi siempre solo con mis pantallas grandes y pequeñas rigurosamente conectadas a la Grande Red. Ir al cine tiene sus ventajas, por la pantalla enorme, por el sonido, por la comunidad. Pero estar rodeado de decenas de personas o de centenares de personas, como me pasó en el caso de otro hit comercial el film Interstellar, no me gusta. Me molesta escuchar comentarios, crujidos o tener que sufrir gratuitamente la mala educación en general.

Se apagaron las luces para el último capítulo de la saga de Star Wars. Me pongo las gafas 3D que ridiculizan a todo el mundo y me relajo. Empiezan los típicos y famosos títulos de Star Wars para contar la historia previa, pero no pude leerlos porque justo cuando empezaron llegó la clásica pareja de retraso. Estaban de pié a mi lado, en la oscuridad. Las dos butacas a mi izquierda estaban vacías. Pero no se sentaban. No entendía porque se quedaban allí de piè, les miré con las gafas puestas pero sus siluetas parecían quedarse sin grandes cambios. Unos segundos después ella entró como un ariete con su rodillas contra mis piernas. Era su manera de querer decir que quería pasar.

Y pregunté:
– ¿Quieres pasar?

La chica con rasgos asiáticos no se inmutó y siguió rompiendo las piernas de los siguientes espectadores, mientras su amigo me lanzó algún comentario vibrante y se rió ironicamente. Me levanté y le clavé una mirada a dos centímetros de su nariz, que un poco por la oscuridad, un poco por las gafas, resultó muy impactante. Me quité ipso facto las dichosas gafas. Èl dijo algo absurdo con acento francés. La chica gritó. Literalmente chilló:
– ¡He pedido permiso!
y añadió: – A lo mejor lo dije muy bajito pero lo dije.
No se lo creyó ni ella se dio la vuelta y continuó rompiendo piernas para alcanzar su butaca. Todo el mundo se levantó para dejarles pasar. Nadie dijo nada, a pesar de haberse visto arruinar el principio del film. Los dos chicos de a lado estaban con sus gafas, sus palomitas, con cara de sorpresa y boca abierta. Sin decir absolutamente nada.
Yo me limité a decirles a los dos:
– Intentad ser más amables.
Y me senté de malhumor. Afortunadamente la pareja desapareció en la penumbra. El texto de Star Wars ya se había acabado. Empezaba sin saber el contexto ni el porqué del largo preludio. No me importó mucho pero pensé inmediatamente en Jodorowski y su film colosal Dune.

Empezó la nueva Guerra de las Galaxias, con muchos efectos, muchos ruidos y sobre todo mucha “Guerra”, “ataca”, “dispara”, muertes, efectos, bonitas imágenes de paisajes lejanos en el infinito del universo. Sobre todo Guerra (lo pone en el título), sangre, armas del hiperfuturo. Y las espadas clásicas en clave moderna. Y pienso a la chica y su acompañante, que agresivamente se comportan con los demás sin necesidad alguna. ¿Y si hubiese ganado en Hollywood Dune de Jodorowski, que es un monumento épico humanista, en vez de la Grande Guerra de Las Galaxias? ¿Estamos tan acostumbrados a estos conceptos agresivos y poco útiles para la evolución humana que nos parecen normales? ¿Estamos anestesiados?

En la época de la forma sin mucha sustancia y en la mala-educación de la violencia, competición, agresividad, Star Wars es perfecta. Un amigo apasionado de esta saga me dijo: “Para entretenerse está bien, poco más”. Añadiría, tampoco. 😉

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