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La fuerza del pueblo y la revolución


La revolución acabó el 23 de febrero 2014, el pueblo ucranio ganó contra el poder de Viktor Janukovyč. Es una historia que no se puede olvidar. Aunque muchos medios recuerdan hoy el evento histórico con una cierta melancolía, porque identifican la rebelión de Kiev como el principio de la inestabilidad de la situación política y económica de la actual Ucrania, el dato fundamental es la capacidad y la fuerza del pueblo que se unió para un objetivo común. Desde el 21 de noviembre 2013 y durante tres meses el pueblo de Kiev pulsó fuerte y se convirtió en la capital de la revolución. Un ejemplo de fuerza y cohesión.

Un fenómeno de protesta que vimos en otras realidades europeas, mediterráneas y mundiales por distintas razones, en distintos momentos de las últimas décadas, a veces con el mismo resultado de cambiar algo importante en el sistema, en los gobiernos, en los debates sobre la finalidad de la sociedad.Untitled-1

Lo vimos en Madrid en el 11M después de las bombas de Atocha cuando el pueblo protestó, se unió y concretamente cambió el rumbo de la política española. Lo vimos en Madrid en el 15M cuando espontáneamente millones de personas ocuparon pacificamente la central Puerta del Sol poniendo la semilla del nacimiento de nuevas fuerzas políticas que ya han llegado al Parlamento español. El 4 de enero de 2011 Mohamed Bouazizi con sus 26 años se inmoló, estrangulado por sus problemas económicos, e inspiró las manifestaciones en la localidad de Tunez Sidi Bouzid que luego como un fuego se extendieron hasta la capital y derrocaron al gobierno. Fue el principio de la Primavera Árabe. En los últimos años el pueblo tomó la calle en Túnez, Nueva York, Egipto, España, Atenas, Brasil, México, Turquía. Según algunos atrevidos se trata de revoluciones conectada. Lo cierto es que desde 1791 cuando fue aprobada la primera Constitución de la historia de Francia, la revolución, el pueblo y la calle representan un poder difuso de difícil cohesión, que cuando focaliza un objetivo claro puede cambiar la identidad de los países y de la historia de la humanidad.

Para un real cambio servirá la fuerza, la determinación y una visión intelectual que despeje las mentes concentradas en cuestiones microscópicas para encontrar una vez más en la historia humana unos fines que lleven este pequeño mundo a una real evolución, no exclusivamente material.

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En el Kiev fueron meses dolorosos, llenos de muertos y de sangre. El pueblo, resistió y en las primeras horas del 22 de febrero de 2014, ganó. La revolución ucrania había estallado tres meses antes como consecuencia de la suspensión del pacto de asociación entre Ucrania y Unión Europea (DCFTA). El malestar del pueblo lo llevó a tomar espontáneamente la plaza Maidan Nezalezhnosti en el centro de la capital. El gobierno de Janukovyč contestó con la fuerza. El pueblo resistió. Hasta la victoria.

En los meses siguientes el nuevo Gobierno Ucranio firmó el pacto con la Ue. Viktor Janukovyč encontró asilo en Rusia. Rusia envió fuerzas militares para ayudar a los separatistas prorusos con la anexión de la Crimea en la Ucrania del Sur. Las protestas prorusas se extendieron al este de Ucrania y estallaron en una violenta guerra que llevó a contar más de 6000 muertos. En plena Europa.

A pesar de que la voluntad del pueblo a veces logra individuar sus objetivos, el “sistema” actual no ha demostrado dejar espacio a un cambio profundo para poder aumentar el bienestar de los ciudadanos. El mundo cínico, orwelliano, basado en los dictámenes del Big Brother Algoritmo y del Hermano Big Data, consumido por las lógicas de la especulación y en el olvido intelectual, dominado por el controlo y el Far West Global de los ejércitos financieros, por ahora no deja espacio a grandes cambios.

Las revoluciones de los últimos años son únicamente la manifestación del malestar y son brotes de un entrenamiento al cambio que todavía no ha vivido su experimentación concreta. Para un real cambio servirá la fuerza, la determinación y una visión intelectual que despeje las mentes concentradas en cuestiones microscópicas para encontrar una vez más en la historia humana unos fines que lleven este pequeño mundo a una real evolución, no exclusivamente material.

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