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El algoritmo perfecto necesita a los humanistas


La venganza de la ‘sustancia’ sobre la ‘forma’ será lenta y muy empática

Vivimos en la sociedad del algoritmo. Lo repito desde hace años. Estamos en peligro. La revolución tecnológica ha emborrachado el mundo con la lógica del big data y del famoso algoritmo. Estandardización y escalabilidad son los dos dogmas grabados a fuego en las nuevas tablas divinas, obviamente digitales. Todo tiene que repetirse mecánicamente una y otra vez, para generar cada vez más. Escalabilidad, precisamente.

¿Habéis tenido alguna relación con la programación informática?
¿Lo sabéis que muchas dinámicas que condicionan la vida de todo el mundo, de todo el mundo digo – también la tuya señor con más de sesenta años y poderoso que crees de haberte salvado de la tempesta y te sientes protegido – las han inventado jovencitos nerds en los años ’70-’80?
Sabéis de dónde nace Anonymous, el nuevo escudo mundial contra los malvados (nace de la web llamada 4chan y si haces click en este link entenderás a que me refiero http://boards.4chan.org/b/catalog – en realidad no entenderás nada en absoluto e lo prometo)? Quién creó estas máquinas con sus lenguajes son “aquellos” que no salían nunca, aquellos que para huir del mundo real se crearon uno virtual. “Bravi”, “bravissimi”, a veces incluso heroicos, pero limitados en el espectro humano, no son omniscientes.

Son ellos los que administran en la práctica y modifican todo lo que está ligado con el mundo digital. Con un gravísimo problema. A menudo no tienen visión, no saben qué decir, son incomprensibles, incapacitados de la comunicación. Miran todo con el microscopio, no tienen visión cenital. Si has trabajado con ellos sabes que tienes que seguirles todo el rato, les falta la perspectiva más destacada, libre, que un humanista puede tener. Los humanistas siempre sirvieron para ver las cosas desde otro punto de vista más alejado. Para poder entender más allá de la obvia realidad y saber leer entre líneas.

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En la época actual quien influye en la vida de todos – también de usted señor poderoso e incosciente – es un prototipo de militar moderno capaz de hacer que las maquinas funcionen y hagan lo que queremos nosotros. Anonymous lo ha demostrado. Si te quede sabotear, utiliza sus sistemas, su ejercito y tu estás automaticamente arruinado. Anonymous es fantástico. Ha empezado como un juego y luego se convirtió en algo importante. No olvidemos que todo nació de cabezas brillantes enfocadas en sistemas, a formas, pero no a la sustancia de las cosas. Intenta ver la we que te aconsejé hace unas líneas para hacerte una idea.

La cuestión es: qué queremos? No sólo el ¿cómo hacemos para realizarlo?
Aquí entra en juego el humanista.
¿Como evaluar las dinámicas de la vida, del mundo, sólo con algoritmos y big data? ¿Qué está pasando en realidad?
Para entender dónde ir o cómo cambiar de rumbo se necesita el saber de los siglos transmitido con el cerebro, pero también con el alma. El humanista entiende los matices que van más allá del algoritmo porque tiene dentro de si las componentes de sensibilidad y cultura que no son exclusivamente racionales.

El humanista entiende los matices que van más allá del algoritmo porque tiene dentro de si las componentes de sensibilidad y cultura que no son exclusivamente racionales.

Os cuento una historia personal. En esta época de cambios radicales y muy rápidos he cabalgado y cabalgo las nuevas fronteras que nacen bajo el nombre de startup. En algunas de estas aventuras me encuentro a menudo cara a cara con los programadores. Son seres diferentes. Su cerebro se formó de manera diferente. Créanme. Los programadores son una especie a parte. No piensan como todo los demás y, aún teniendo mucha creatividad a su manera, faltan casi totalmente de empatia.

Los programadores en las redacciones modernas tienen a lado aquellos alfiles devotos al big data que anuncian la inminente muerte violenta de los periodistas de opinión que entienden las situaciones y las cuentan sin estar sufragados por un algoritmo.

En una de estas startup pasó lo mismo. Cada decisión tenía que tomarse con el aval de un dato.
Sobre la validez del dato, su legitimidad, su manera de ser scrapeado, y lo que quiera decir, estoy convencido hasta un punto. Sin dudar sobre su importancia y su utilidad, no creo que el dato coincida al 100% con la Verdad.
¿Como puedes explicar a un ser humano enfocado en su microscopio, concentrado en el funcionamiento de la maquina y en la solución de los innumerables problemas (porque estos sistemas por definición están siempre llenos de problemas), que si levantara su mirada podría reconocer la existencia de conceptos y valores humanistas indomables que son fundamentales en la vida, en la comunicación y en la transmisión del conocimiento?

los programadores. Son seres diferentes. Su cerebro se formó de manera diferente. Créanme. Los programadores son una especie a parte.

Un día enfrentado a un cruce de ideas que teníamos obligatoriamente que argumentar con datos el amigo dijo:
– ¿Sin datos, cómo justificas tus decisiones?
Sabía que me la estaba jugando. No es fácil explicar los colores a una persona que no ve.
Pero estoy seguro que todo tiene una posible respuesta.

Levanté los ojos y encima de nosotros estaba una imagen de un metro y medio por un metro que representaba un “Jardin de las delicias”, un lugar surrealista, invadido por personajes ultrarrenos sumergido en un desierto infinito, plano y lleno de energía positiva. Una imagen que había sacado en el Burning Man, en el desierto de Nevada en EEUU.

– ¿Ves esta imagen? De esta serie tengo una ráfaga de 15 imágenes, una tras otra, donde todo se mueve de milímetros. Son 15 imágenes prácticamente iguales. ¿Por qué elegí esta? ¿Por qué no la siguiente o la anterior? ¿Por qué la imagen es expuso, acabó en la tv nacional, por qué alguien la quiso, por qué también tú has dicho siempre que te gusta?

Me contestó
– No se, dímelo tú.

– Por intuito. Aquello hummiano. Lo que incluye la verdad, tu verdad que es conciencia, que es evolución de siglos vivida en la parte más intima de ti mismo, que se convierte en cultura, filtrada y captada por tu cerebro y metabolizada por tu esencia.

Se quedó en estado de shock y contestó algo desconcertante:
– Lo habrías podido decir antes.

Cuando trabajas con las interfaces como WordPress o cuando construyes una campaña de publicidad en Facebook, te das cuenta de cuanto el sistema es fantástico, utilísimo pero también poco acogedor, inaccesible a la mayoría, porque trabajan allí en el backstage sólo cerebros agudos, pero ningún humanista puro. Ningún comunicador.

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En la publicidad actual ligada al mundo de los media el branded content es un hit casi de moda. Sí, de acuerdo, me dirán que está a punto de ser antiguo, pero sigue representando todavía para muchas redacciones el pan cotidiano que hay que tragar. El branded content en la práctica es publicidad oculta o semioculta. También aquí el tema mercería una mayor profundización, pero -me perdonarán- no es el momento.
Significa hablar de una marca, sumergidos en el ambiente de un periódico clásico, simulando un contenido interesante. Es como un report o videoreport, en la mayoría de los casos, que habla de algo pseudointeresante para inducirte a asociarlo directamente (si la marca aparece) o de manera indirecta (si la marca es oculta) y empujarte a comprar.
Quieren ser eficaces, pero ¿el vídeo quién lo realiza? Técnicos de vídeo. Personas que saben todo de objetivos, de instrumentos pero no son periodistas.
Los mandatarios del branded content declaran abiertamente querer un “contenido de calidad”. Entonces dentro de un contexto de un periódico tendrían que hacerlo los periodistas. Parece obvio, pero no. E sabéis ¿por qué? Porque como dijeron en el FICOD 2015 (Feria Internacional del Contenido Digital) – abierto por el primer ministro español – “el contenido de calidad es dar a las personas lo que quieren”. De verdad, lo dijeron. Lo escribí. Es todo verdad. El contenido de calidad es algo que en la filología de nuestras lenguas significa algo. Pero en la actualidad es una formula estudiada por el board de Google para definir sus últimas modificaciones del algoritmo de búsqueda. Un día se dieron cuenta que los bot estaban devastando y han cambiado rumbo obligando el Océano de internet a buscar contenido de calidad. Pero “de calidad” para las lógicas algorítmicas, no para el ser humano. No para el humanista.

La aberración ha llegado al punto que se ven conferencias patéticas de directoras y directores de los mayores periódicos que admiten aturdidos su esclavitud en la definición de los contenidos debida al algoritmo. Por lo menos esto en las redacciones modernas, porque en los periódicos clásicos todo esto suena como una eco incomprensible. Un título y un texto de un artículo se escribe hoy en día pensando en las palabras claves, en el SEO, en el algoritmo en general. Nada a que ver con la sustancia. El verdadero objetivo del periodismo: contar mayoritariamente lo que la gente no quiere que se diga. Entonces en el periodismo el “contenido de calidad” es un concepto humanista completamente contrario a la lógica del algoritmo.
Si los maullidos del gatito tiene más visualizaciones que un importante debate a nivel internacional, significa que el sistema de las visualizaciones está muy bien para vender, para la diversión, pero en una sociedad culta, educada y no soñolienta no tendría que aplicarse a las lógicas humanistas. Porque la sustancia de la cultura, de los intelectuales, de los artistas, filósofos, de los creativos, de los periodistas no tiene nada a que ver en su esencia más pura con un algoritmo.
La ex-direttrice del New York Times Jill Abramson, una mujer con una posición de enorme poder mundial y con una visión privilegiada sobre todo lo que pasa, en febrero en Madrid, dio el veredicto sobre la muerte inminente del humanismo, asegurando que en las universidades anglosajonas las inscripciones en las facultades humanistas están cayendo en picado de manera dramática para el futuro del mundo.

Esta época de pura forma acabará muy pronto y habrá que llenar esta forma tan desarrollada con sustancia. Será el momento de la venganza de la “sustancia” corta la “forma”. Será una venganza lenta y llena de compasión.

Lectura aconsejada:
“Google contratará a más de 4.000 humanistas en los próximos años”
http://www.yorokobu.es/google-contratara-a-mas-de-4-000-humanistas-en-los-proximos-anos/

ITALIANO
La vendetta della ‘sostanza’ sulla ‘forma’ sarà lenta e compassionevole.

Siamo in una società algoritmica. Lo ripeto da anni. Siamo in pericolo. La rivoluzione tecnologica ha ubriacato il mondo con la logica del big data e del famoso onnipotente algoritmo. Standardizzare i processi e scalare sono i due credo scolpiti nelle nuove tavole divine, digitali ovviamente. Tutto deve essere ripetuto una volta dopo l’altra, per generare sempre di più. Scalare, per l’appunto.
Avete mai avuto a che fare con la programmazione? Lo sapete che molte delle dinamiche che condizionano la vita di tutti, di tutti dico – anche di te ultrasessantenne e poderoso che pensi di averla fatta franca e di essere protetto – le hanno inventate ragazzini nerds degli anni ’70-’80? Lo sapete da dove nasce Anonymous, il nuovo scudo mondiale contro i cattivi (nasce dal sito 4chan e se fai click su questo link capirai cosa voglio dire http://boards.4chan.org/b/catalog – in realtà non capirai proprio niente)? Chi ha creato queste macchine con il loro linguaggio sono “quelli” che non uscivano mai, quelli che per fuggire dal mondo reale ne crearono un altro virtuale. Bravi, bravissimi, a volte anche eroici, ma limitati nello spettro umano, non omniscenti.
Sono loro a gestire in pratica e a modificare tutto quello che è legato al mondo digitale. Con un gravissimo problema. Non hanno spesso visione, non sanno cosa dire, sono incomprensibili, incapacitati alla comunicazione. Vedono tutto col microscopio, ma non hanno mai una visione dallo zenith. Se hai lavorato con loro sai che devi sempre stagli dietro, non hanno la visione d’insieme, distaccata, libera, che un umanista può avere. A questo sono sempre serviti gli umanisti, ad avere visione d’insieme. A sapere capire al di là dell’ovvio e sapere intuire tra le righe.
Nell’epoca attuale chi sta influenzando la vita di tutti – anche di lei signorotto potente e ignaro – è un militare moderno capace di fare funzionare delle macchine perché facciano quello che vogliamo. Anonymuos l’ha dimostrato. Se ti vuole fare sabotare, utilizza i suoi sistemi, il suo esercito e tu sei rovinato. Anonymous è fantastico. È iniziato per gioco e poi si è convertito in qualcosa di importante. Ma tutto è nato da menti brillanti votate ai sistemi, alla forma, non alla sostanza delle cose. Prova a vedere il sito che ti consigliavo qualche riga fa, per farti una idea.

La questione è cosa vogliamo? Non solo come lo realizziamo. Lí entra in gioco l’umanista. Come valutare le dinamiche della vita, del mondo, solo con gli algoritmi e il big data? Cosa sta succedendo in realtà? Per sapere dove andare o capire come cambiare rotta serve il sapere di secoli tramandato con il cervello, ma anche con l’anima. L’umanista capisce sfumature al di là dell’algoritmo perché ha dentro di sé delle componenti di sensibilità e cultura che non sono esclusivamente razionali.

Vi racconto una storia personale. In questa epoca di cambi veloci e radicali ho cavalcato e cavalco le nuove frontiere che prendono forma sotto il nome di startup. In alcune di queste avventure mi trovo continuamente faccia a faccia con i programmatori. Sono esseri diversi. Hanno il cervello formato in modo diverso. Credetemi. I programmatori sono una specie a parte. Non pensano come gli altri e, pur avendo molta creatività a modo loro, mancano in maniera quasi totale di empatia. I programmatori sono affiancati nelle redazioni dei giornali anche da quelli che adorano, come alfieri prostrati, il big data e annunciano la prossima morte violenta, delitto a mano loro, degli opinionisti cioè di quelli che capiscono le situazioni, le sanno raccontare, ma non hanno un algoritmo a supportarlo.

In una di queste startup capitò la stessa cosa. Ogni decisione doveva essere supporta da da un dato. Sulla valenza del dato, sulla sua legittimità, su come viene scrapeado e di quello che significhi personalmente sono convinto fino ad un certo punto. Pur essendo indubbiamente utile e importante, non credo che il dato sia al 100% la Verità.
Come spieghi ad un essere umano sempre curvo sul microscopio, concentrato a fare funzionare qualcosa e risolvere un problema dopo l’altro (sí perché questi sistemi sono per definizione sempre pieni di problemi pratici), che se alzasse gli occhi riconoscerebbe anche l’esistenza di concetti e valori umanisti indomabili che sono fondamentali nella vita, nella comunicazione, nella trasmissione del sapere?

Un giorno di fronte all’ennesimo incrocio di idee da dovere argomentare l’amico mi disse:
– Senza dati come giustifichi le tue decisioni?
Sapevo di giocarmela. Non è facile spiegare i colori a una persona che non vede. Ma sono certo che a tutto c’è una possibile risposta.

Alzai gli occhi e sopra di noi c’era trionfale una immagine di un metro e mezzo per un metro che ritraeva una sorta di “Giardino delle delizie”, un luogo surreale invaso da personaggi ultraterrestri immersi in un deserto sconfinato, piano e pieno di energia positiva. L’immagine l’avevo scattata nel Burning Man, nel deserto del Nevada.

– Vedi questa immagine? Di questa serie ho una scarica di 15 immagini, una dietro l’altra, dove tutto si muove di pochissimo. Sono 15 immagini praticamente uguali. Perché ho scelto questa?
Perché no quella successiva o quella precedente? Perché questa foto è stata esposta, è finita nella Tv nazionale, perché qualcuno l’ha voluta, perché anche tu hai sempre detto che ti piace?

Mi rispose
– Non lo so. Dimmelo tu.

– Per intuito. Quello hummiano. Quello che racchiude la verità, la tua verità che è coscienza, che è ricerca ed evoluzione di secoli vissuta nella più intima parte di te stesso, che diventa cultura, filtrata e captata dal tuo cervello e metabolizzata dalla tua essenza.

Rimase scioccato e rispose in modo sconcertante:
– L’avresti potuto dire prima.

Quando lavori con le interfacce come WordPress o quando imposti una campagna pubblicitaria su Facebook, ti rendi conto di quanto questo sistema sia fantastico, utilissimo, ma anche poco ospitale, inaccessibile ai più, perché a lavorare dietro le quinte ci sono solo cervelli acuti, ma nessun umanista puro. Nessun comunicatore.
Nella pubblicità attuale legata ai media il branded content è l’hit del momento. Sí, d’accordo, sta per essere superato, ma ancora continua ad essere per molte redazioni il pane quotidiano da inghiottire. Il brandend content in pratica è pubblicità occulta o semi occulta. Anche qui il tema meriterebbe maggiore approfondimento, ma -mi perdoneranno- no è il momento. Significa parlare di una marca, immersi in un giornale classico, facendo finta di parlare di qualcosa di interessante. Insomma un report o videoreport, nella maggior parte dei casi, che parla di qualcosa di pseudointeressante per indurti ad associarlo in modo diretto (se la marca appare) o i modo indiretto (se la marca è occulta) e spingerti all’acquisto. Bene, vogliono essere efficaci, però il video chi lo fa? Tecnici di video. Gente che sa tutto degli obiettivi, degli strumenti, ma non è giornalista.
I mandanti del branded content dicono di volere il “contenuto di qualità”. Quindi dentro un giornale dovrebbero farlo i giornalisti. Sembra ovvio, e invece no. E sapete perché? Perché come dissero nella FICOD 2015 (Feria Internacional del Contenido Digital) – fiera di contenuti digitali inaugurata dal presidente del consiglio spagnolo – “Il contenuto di qualità è dare alle persone quello che vogliono”. D’avvero, l’anno detto. L’ho scritto. Ê tutto vero. Il contenuto di qualità è qualcosa che nella filologia delle nostre lingue potrebbe significare qualcosa. Ma nell’epoca attuale è una formula studiata a tavolino dal board di Google per definire le ultime modifiche al suo algoritmo di ricerca. Un bel giorno si sono resi conto che i bot stavano dominando e allora hanno obbligato l’Oceano di Internet ad adottare i contenuti di qualità. Ma “di qualità” per le logiche algoritmiche non per l’essere umano. Non per l’umanista.

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L’aberrazione è arrivata al punto di vedere delle patetiche conferenze dei direttori e direttrici dei maggiori giornali che ammettono stralunati la loro schiavitù nella scelta del contenuto dovuta all’algoritmo. Almeno delle redazioni moderne, perché nelle redazioni classiche questi discorsi arrivano come un eco incomprensibile. Un titolo e un testo di un articolo si scrive oggi pensando alle parole chiave, al SEO, all’algoritmo in generale. Nulla a che vedere con la sostanza. Che è il vero obiettivo del giornalismo: raccontare spesso quello che gli altri non vogliono sentirsi dire. Quindi nel giornalismo “contenuto di qualità” è un concetto umanista diametralmente contrario a quello dettato dalle logiche algoritmiche. Se il gattino che fa miao ha molte più visualizzazioni di un dibattito su qualcosa di importante a livello internazionale, significa che il sistema delle visualizzazioni va bene per vendere, per il divertimento, ma in una società colta, educata e non imbambolata non dovrebbe applicarsi alle logiche umaniste. Perché la sostanza della cultura, degli intellettuali, degli artisti, filosofi, dei creativi, dei giornalisti non ha nulla a che vedere nella sua essenza pura con un algoritmo.
La ex-direttrice del New York Times Jill Abramson, una donna in uno de ruoli con più potere nel mondo e con una visione privilegiata su tutto quello che accade, a febbraio qui a Madrid, ha dato il verdetto sulla morte imminente dell’umanesimo assicurando che nelle università anglosassoni le iscrizioni alle facoltà umaniste sono crollate in modo preoccupante segnando il futuro del mondo.

Questa epoca di pura forma finirà molto presto e ci sarà da riempire questa forma cosí ben strutturata con sostanza.
Sarà il momento della vendetta della ‘sostanza’ sulla ‘forma’.
Sarà una vendetta lenta e compassionevole.

“GOOGLE CONTRATTERÀ 4000 UMANISTI NEI PROSSIMI ANNI”:
http://www.yorokobu.es/google-contratara-a-mas-de-4-000-humanistas-en-los-proximos-anos/

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